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Todo sujeto cuyo genoma haya sido modificado por la tranféresis genética que realiza la mal llamada “vacuna Covid” pasa legalmente a ser un “transhumano”, un híbrido patentado por la industria farmacéutica de la que se convierte en “propiedad”.

La élite pedosatánica y globalista que está pilotando esta falsa crisis no da puntada sin hilo, y, de una forma sibilina, está poniendo las bases para que ningún vacunado pueda acogerse a la Ley Natural en lo sucesivo, dado que, como Organismo Genéticamente Modificado, pasa a ser una “cosa” y no un sujeto de derecho, con el agravante de que, al no ser la vacuna legalmente obligatoria, la renuncia a la condición de ser humano se realiza voluntariamente, sin desmedro del libre albedrío. Veamos detenidamente cómo está ocurriendo esta aberración:

En el año 2013 la Corte Suprema de los EE.UU. estableción que el ADN humano, producto de la naturaleza, no puede ser patentado, como pretendía la compañía Myriad Genetics Inc. Pero en el fallo se establecía que la modificación artificial del genoma (lo que hace la “vacuna” de ARNm) supondría que SÍ puede ser registrado y patentado.

Todo sujeto cuyo genoma haya sido modificado por la tranféresis genética que realiza la mal llamada “vacuna Covid” pasa legalmente a ser un “transhumano”, un híbrido patentado por la industria farmacéutica de la que se convierte en “propiedad”. Las consecuencias de este hecho son extraordinariamente graves: el sujeto cuya secuencia de nucleótidos ha sido alterada artificialmente pierde la condición de “humano natural”, lo que significa que los Derechos que le asistían en su condición previa ya no le son aplicables. En otras palabras, a quien haya recibido la “vacuna Covid” no se le reconocen ya derechos humanos. Pasa a ser algo parecido a los “replicantes” de “Blade Runner”, una herramienta de corporaciones que pueden disponer de su organismo como de un banco de pruebas para nuevas intrusiones tecnológicas, ante las que ya no cabe oposición ni protesta (las “cosas” no tienen ni el derecho ni la posibilidad de protestar). Sus funciones fisiológicas, su neuromotricidad, su subjetividad, … son asumidas como un mero “sistema operativo” modificable según el criterio de sus nuevos propietarios, que para ello han desarrollado la tecnología CRISPR de edición de genes.

Por supuesto, los ingenieros genéticos que vienen trabajando en hackear las funciones del organismo humano presentan su proyecto “Frankenstein” como una gran oportunidad para vencer enfermedades, mejorar a la especie y otras metas filantrópicas, ecológicas y benéficas. Pero frente a tanto altruismo lo que la investigación reciente permite sospechar es que esta tecnología abre la puerta al control totalitario del ser humano. Pensemos en la patente WO2020060606, un sistema de criptomonedas que utiliza datos de la actividad corporal. La patente permite la creación de un dispositivo que rastrea la actividad física o las reacciones de un humano a ciertas tareas utilizando una variedad de sensores, y genera criptomonedas en respuesta. ¿El promotor del invento? No creo que sorprenda a nadie revelar que se trata del conspícuo Bill Gates.

Asociar la actividad que realiza un ser humano a un proceso de minería de un sistema de criptomonedas es solo la primera posibilidad que se abre con la tecnología que permite monitorizar a una persona -recalco, no un “ser humano” en el sentido que tenía el término antes de la “vacuna” ARNm, sino si acaso un “post-humano”-, aunque se ha convertido en la aplicación inmediata más estudiada; el Instituto Holandés de Obsolescencia Humana (IoHO) está explorando formas de producir capital convirtiendo el calor producido por el organismo humano en criptomonedas (“Un solo cuerpo humano en reposo irradia 100 vatios de exceso de calor”).

Vamos camino de ser un mero aporte de combustible para el Sistema. Matrix está cada vez más cerca, y le estamos abriendo la puerta con solo aceptar la “vacuna”. Un error en el que un humano consciente no debería caer nunca.

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