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Las noticias están repletas de historias protagonizadas por perros de búsqueda y rescate que encuentran personas desaparecidas, de perros que detectan drogas y dólares, los que identifican a sospechosos. Pero, ¿qué tan fiable es su olfato? Quizá la primera vez que la policía utilizó un perro para apoyar su labor investigativa fue en 1977 en la ciudad estadounidense Albany, Nueva York. Ese año un perro llamado Crow entró al campo de juego de un estadio, olió unos trapos ensangrentados, y orinó en la pierna de Lemuel Smith, un hombre que estaba junto a otros cuatro. El trapo contenía una mancha de heces del sospechoso de un asesintato.

Desde entonces, pareciera que la policía empezó a tomar más enserio al olfato del perro, y utilizó la aparente coincidencia de orina sobre la pierna de Smith como palanca para presionarlo psicológicamente, ahora su principal sospechoso, y convertir una acusación en una confesión. Smith terminó siendo condenado.

Perros policía - Sputnik Mundo, 1920, 29.04.2021
Según Peter Andrey Smith, becario del Proyecto Knight de Periodismo Científico que analizó cómo la policía usa el olfato de los perros para llevar a la corte a los acusados, ese fue uno de los muchos casos en que los métodos empleados por la policía y los fiscales «parecen a veces cuestionables».
Hay muchas cosas que no se saben. «No existen bases de datos que registren de forma autorizada el número de casos en los que intervienen caninos, y hay pocas formas de saber con qué frecuencia los tribunales utilizan alineaciones de olores similares a la que la policía utilizó para identificar a Smith», explicó.
Por otra parte, Andrey Smith señala que las organizaciones certificadoras estiman que en la actualidad hay unos 15.000 perros policía en Estados Unidos, además de innumerables adiestradores civiles que colaboran en las investigaciones, pero casi no hay datos exhaustivos.
El investigador también encontró casos judiciales en los que el comportamiento de un perro se aceptó como prueba directa de culpabilidad en el tribunal. «Es decir, no aparecieron pruebas físicas directas de un delito y, sin embargo, los jurados se convencieron de que un animal entrenado olfateó algo que los humanos no pueden percibir».
El hocico de un perro. Imagen referencial - Sputnik Mundo, 1920, 27.04.2021

Ahora bien, ¿pasaría lo mismo si en vez de un perro, fuera una persona la testigo de un olor? Andrey Smith habló con un neurocientífico olfativo que le pidió que imaginara ese escenario: que un perfumista, o un aromaterapeuta, fuera quien subiera al estrado del tribunal y testificara sobre la coincidencia del olor de una persona con una prueba física dejada en la escena del crimen.
«Asumimos que los perros viven la vida a través de sus narices, y existe una gran apreciación cultural de que estos animales son seres sociales, compañeros infalibles y leales. Un testigo olfativo humano no sería posible, porque mucha gente acepta el mito del mal olfato humano», concluyó.
Sin embargo, tal como destaca en el artículo, en algunos casos los humanos pueden superar en el olfato a los caninos (sobre todo cuando se trata de detectar el acetato de amilo, uno de los olores característicos de los plátanos). Al parecer, las personas pueden incluso seguir rastros de olores en el exterior.
Las suposiciones y sesgos culturales —en este caso sobre el olfato de los perros—, ayudan a explicar la escasez de datos sobre la utilización de perros como policías, y de la fiabilidad de su olfato en esos casos.