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Según informan varios medios franceses, este pasado sábado una rave congregó a más de 200 personas en un espacio situado en el centro de la localidad de Saint-Marcellin, en el sureste de Francia cerca de ciudades como Grenoble o Lyon.

La rave comenzó el sábado por la noche y no terminó hasta la mañana del domingo ya que la gendarmería no se atrevió a intervenir para evitar riesgos mayores tanto a los propios agentes como a los asistentes a la fiesta ilegal.

Si por algo destaca esta fiesta es por el hecho de que los organizadores decidieron quemar el equipo de sonido. No está clara la razón, ya que, en Francia, la policía solo puede confiscar el equipo si el evento sobrepasa las 500 personas. Según declaraciones de Dorian, un organizador habitual raves en la capital francesa, a Mixmag, «el soundystem es el escaparate de la rave. Por eso, cuando nos amenazan con ser apresados ​​por las autoridades, siempre preferimos destruirlo con nuestras propias manos. Esta no es la primera vez, pero obviamente, en un contexto de restricciones a las libertades y una gran controversia sobre la violencia policial con la ley de seguridad global, tiene mucho más sentido. Es un gesto de protesta desesperada».

Al terminar la rave los agentes procedieron ha solicitar la identificación a los asistentes para sancionarles, entre otras cosas, por no respetar el confinamiento, según publica el diario Le Dauphiné.

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