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Sergio Fajardo Valderrama no puede seguir evadiendo su responsabilidad con la criminalidad imperante en las comunas de Medellín.

Sergio Fajardo es un hombre evasivo, egocéntrico políticamente hablando, vacío en los debates de interés nacional donde elude sus responsabilidades demostrando que sus posiciones nunca son firmes respecto a los temas candentes sometidos a conversación, sobresaliendo aún más dentro de ellos su falta de conocimiento en el problema campesino colombiano y en el funcionamiento directo del Estado como ente político.

Su argumento de que los grandes temas nacionales están por encima de cualquier rencilla política no cabe a lugar, sus no explicaciones concretas sobre su responsabilidad en asuntos que requieren ser aclarados siembran duda en el electorado como con el crecimiento y consolidación de estructuras criminales organizadas en la ciudad de Medellín, mientras él fue alcalde y Alonso Salazar, secretario de gobierno de la capital antioqueña.

Desde entonces, se ha venido estableciendo de forma pomposa el término de la donbernabilidad, haciendo referencia al impresionante poder de la banda ilegal que lideraba el hoy extraditado Diego Fernando Murillo Bejarano, alias ‘Don Berna’, que dirigía de esa forma la Oficina de Envigado y las facciones del Bloque Cacique Nutibara de las AUC. 

A Fajardo se le señala de esa manera sus logros sobre seguridad durante su administración en la alcaldía de Medellín entre 2004 y 2007 por materializarse en común acuerdo entre las oficinas de cobro y distintas organizaciones narcotraficantes. Pero para ejemplificar esta maniobra es necesario acogerse a la estadística antitécnica e impertérrita que se nos ofrece desde la burocracia —antes de desmovilizarse la organización paramilitar de ‘Don Berna’, el 9 de diciembre de 2003, la tasa de homicidios en Medellín fue de 92.9 por cada 100 000 habitantes según el sistema de información para la seguridad y convivencia en Medellín, y en 2007 – último año de la alcaldía de Sergio Fajardo – la tasa de homicidios fue de 34 por cada 100 000 habitantes, la más baja desde los años 80. En todo ese proyecto trabajaron en conjunto Sergio Fajardo, Jorge Fernando Gaviria – hermano de José Obdulio Gaviria – capturado por narcotráfico en 1983 en los Estados Unidos cuando estaba estudiando aviación, recordando que era primo hermano del jefe máximo del Cartel de Medellín, Pablo Emilio Escobar Gaviria y además, se encargó, con el programa paz y reconciliación de la desmovilización, de los mal llamados grupos de autodefensa durante su alcaldía, donde finalmente, participó también el señor Gustavo Villegas, que recientemente fue condenado por los delitos de abuso de autoridad por omisión de denuncia y por abuso de la función pública por sus vínculos clandestinos con la Oficina de Envigado.

Del Bloque Cacique Nutibara de las Autodefensas Unidas de Colombia se desmovilizaron oficialmente 868 personas según fuentes de Justicia y Paz y de inmediato se inició el proceso de establecimiento de esas personas a la sociedad, a través de un proyecto que trazó el Gobierno del expresidente Álvaro Uribe Vélez para «evitar» al máximo número la reincidencia de esas personas en actividades ilícitas. Lo que despertó sospechas en el Gobierno fue el hecho de que el alcalde Sergio Fajardo y Alonso Salazar se saltaran los conductos regulares y establecieran una interlocución directa y concreta a través de los mecanismos que le ofrecía la institucionalidad con ‘Don Berna’. Desde ese momento, empezó a sospecharse de la existencia de un acuerdo planificado para mantener en cautela el orden público con materia de seguridad en la capital de Antioquia, no por coacción de la autoridad policial y municipal, sino por cuenta de un pacto perverso entre las autoridades locales y el poderoso jefe criminal.                

Una vez se construye el aparataje criminal postdesmovilización en la ciudad caudillista, Fredy Rendón alias el ‘Alemán’ dirigente paramilitar del Bloque Élmer Cárdenas, subrayó que hubo «Una falsa desmovilización con botas nuevas, donde sectores de alto gobierno, alcalde, futuros alcaldes, participaron para bajar unos niveles de violencia y dar unos subsidios económicos a miembros de combos».

El ‘Alemán’ sostuvo, en ese sentido, que vio al exalcalde Sergio Fajardo «Haciendo proselitismo en la Casa de Villa Esperanza», una especie de sede social y política de los desmovilizados, y estuvo por segunda vez en una visita pública, en el 2006, «Para decirles que cumplieran con las reglas, con lo que habían pactado con el Gobierno». Aclarando que todavía no sabemos a qué se referían con pactar o acordar.

A esos hechos se suma que el pasado 8 de agosto de 2018 el magistrado de la Corte Suprema de Justicia José Luis Barceló profirió una sentencia en la que se refería a un presunto atentado que la Oficina de Envigado ordenó en 2001 contra Sergio Fajardo Valderrama justificado en que supuestamente él pertenecía a la nómina de otra banda criminal llamada la Terraza, que recordemos fue la determinadora  junto al exsubdirector del DAS — José Miguel Narváez del asesinato del humorista y periodista Jaime Garzón Forero.

Según el documento y la investigación del programa Revelados del periodista Julián Martínez, Fajardo fue alertado por Mario Uribe Escobar, primo de Álvaro Uribe y Santiago Uribe Vélez este último condenado por parapolítica, asimilando que también estaba Carlos Mario Aguilar alias ‘Rogelio’ – narcotraficante de la Oficina de Envigado – que asistió al apartamento de Sergio Fajardo para advertirle del atentado. Al ser estas grabaciones ilegales, la Corte Suprema de Justicia por control de legalidad a esos audios no le puede dar validez jurídica, sin embargo, aunque no se pueda abrir una investigación contra el exalcalde de Medellín, dichos audios revelan lo que por tanto tiempo ha querido ocultar la cabeza del movimiento Compromiso Ciudadano y su caterva de oligarcas universitarios, y es que su director es un gran amigo de narcotraficantes y paramilitares. 

Ahora, el señor Fajardo cuenta con el apoyo económico del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) financiador de campañas corrompidas por la ilegalidad, creando grandes lazos de amistad con los contratistas de la gobernación de Antioquia para poder sentar las bases de un nuevo gobierno en el solio de Bolívar en el año 2022.

La renovación, la democracia y la igualdad, virtudes del Estado social de derecho que usan disfraces que rayan a su vez con el pastranismo del año 98 es la continuación del poder tradicional en el país, es sino ver el contraste de sus súbditos con el pueblo – jóvenes estrato 4, 5 y 6 que no conocen las secuelas de la guerra, el hambre, la desigualdad y la injusticia, y aun así, se creen los faros de la moral republicana que sentaron nuestros mártires en batalla. Esa es la llamada tercerización política, convertir en abstracto los problemas de la nación, mientras se reúnen a tomar whisky con los grandes emporios económicos que abrazan la ilegalidad para mantener sus privilegios.

Sergio Fajardo Valderrama no puede seguir evadiendo su responsabilidad con la criminalidad imperante en las comunas de Medellín, es hora de que sus seguidores increpen esa actuación comprobada por la justicia y las autoridades disciplinarias, porque de lo contrario tendremos un nuevo presidente de la mafia.

Los expresidentes Alfonso López Michelsen, Ernesto Samper, Andrés Pastrana, Álvaro Uribe y el actual presidente de la república, Iván Duque se acogieron a las propuestas de los sicilianos colombianos desde antaño, el centro en un pequeño sector ha camuflado la intención de la no polarización política para pactar con el régimen de complicidadesadvertido por Álvaro Gómez Hurtado durante la presidencia del Cartel de Cali en 1994. En ese sentido apocalíptico, pero real en el que se apropia del funcionarismo estatal se obedecen las reglas del submundo; reglas que aprueban ministerios, gobernaciones, alcaldías, asambleas y consejos en todo el territorio nacional.

Es insoslayable señalar entonces que el escritor Reinaldo Spitaletta, en El Espectador del 2009, decía: «Por aquellos días no era extraño que en determinadas comunas de la ciudad la muchachada dijera que en rigor el alcalde no era Fajardo sino ‘Don Berna’».

María Jimena Duzán en Semana en el año 2009 aseguraba que Fajardo mantuvo pactos tácitos con ilegales para mantener la tranquilidad de la ciudad a cambio de no perseguir a los delincuentes.

Y así, son muchas las voces serias y dignas de Colombia que aseguran que hubo pactos ilegales entre el exalcalde Sergio Fajardo y los paramilitares, a escondidas, son testimonios de personalidades, no de criminales como aquellos honorables legisladores de Bogotá, no se puede contribuir más a la hipocresía de la derecha enmascarada que representa el líder de Compromiso Ciudadano; ese silencio cómplice puede devolver a la vida a el gran Burundún-Burundá de Jorge Zalamea, y ya entenderán a qué me refiero con eso.  

Esos lineamientos los sigue el candidato presidencial de la nada Sergio Fajardo, que en tiempos de crisis coadministró la alcaldía con las sobras del paramilitarismo, respondiendo de una manera muy satírica, poco creíble y profunda que en esas aseveraciones:

“SE ACUÑÓ EL INGENIOSO TÉRMINO DONBERNABILIDAD, PARA REFERIRSE A QUE ALIAS DON BERNA ERA EL QUE EN REALIDAD GOBERNABA EN MEDELLÍN Y QUE, EN CONSECUENCIA, LA DRÁSTICA DISMINUCIÓN DE HOMICIDIOS QUE SE DIO DURANTE MI ALCALDÍA OBEDECÍA A LA VOLUNTAD Y SOLO A LA VOLUNTAD DEL PARAMILITAR. ESO ES FALSO. POR UN LADO, ESE SEÑOR SÍ TENÍA MUCHO PODER, NADIE PUEDE NEGARLO, PERO NO TANTO PARA REEMPLAZARME EN EL GOBIERNO; ESE ES UN ARGUMENTO QUE LA EXTRAORDINARIA TRANSFORMACIÓN QUE VIVIÓ MEDELLÍN EN ESOS AÑOS HACE CAER DE SU PESO”.

Por eso es bueno recordarle al cinismo de Fajardo en razón a la cita en la página oficial de su movimiento político, que ningún candidato antioqueño para el 2003 podía ser candidato sin el beneplácito de ‘Don Berna’; era un imposible político al igual que en tiempos de Pablo Escobar ningún liberal y conservador podría llegar al poder sin su bendición manchada de sangre y delincuencia. O ¿por qué no existieron amenazas, atentados y dilataciones durante su candidatura?, si enfrentaba la corrupción por obviedad, tenía que enfrentar al sicariato y los nexos entre políticos y narcotraficantes de Medellín. No lo hizo en ningún momento coyuntural para la ciudadana en general, pero lo que es más grave es que en cualquier momento, el enterrador de Hidroituango puede sentarse a señalar gravemente desde la casa del segundo presidente de Cundinamarca. 

“Ojo con el 2022”

Fuente / Columnista: Felipe Cardona