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Los algoritmos de Facebook parecen trabajar para todo menos a favor de la sociedad. Así es como se descubrió que minan la democracia. Con una discreta toxicidad, las redes sociales se transformaron en un espacio político. Admiradas en un principio por ser el lugar de la libre expresión y la democracia, poco a poco las redes sociales se han convertido en la herramienta más tribal de la era moderna. El mejor ejemplo de ello es Facebook, una red social que ahora funciona en contra de la sociedad.

Esta es la historia del derrumbe de las redes sociales, en especial Facebook. Considerado en un inicio como un espacio digital para descansar, reevaluar, recargar y distraerse, ahora Facebook es el símbolo de preocupaciones muy legítimas por parte de las sociedades.Daniel Hertzberg

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La censura, la falta de seguridad, el racismo, la violencia y otros problemas de la humanidad se han traducido en algoritmos complejos que alimentan esta red social. Inicialmente creímos que la “muerte” de Facebook como un espacio de recreación era temporal, pero el ánimo social indica lo contrario.null

Al paso de los días, esta red social está experimentando el abandono de millones de ciudadanos. Este no es en ningún sentido un hecho aislado porque, de acuerdo con la exanalista de la CIA Yaël Eisenstat,las operaciones de integridad política de Facebook juegan en contra de la democracia social.

Las redes sociales en contra de la sociedad y la democracia

Una extensa polarización y cultura de odio se disfrazan de algoritmos para inundar las páginas principales de los usuarios. Sospechando de las actividades poco sinceras de la página, los usuarios han llegado a reconocer el aumento de los contenidos tóxicos y falsos.

“Las mentiras son más atractivas en línea que la verdad. Siempre que los objetivos de los algoritmos (de las redes sociales) sean mantenernos comprometidos, nos alimentarán con el veneno que juega con nuestros peores instintos y debilidades humanas”, agrega.

La creciente preocupación pública por los filtros de la red social no son gratuitos. Al final del día, los contenidos que pueden ser virales y otorgar mayores ganancias terminan por socavar la cohesión pública.

Por un instante creímos que las redes sociales no tenían nada que ver con la política, hasta que vimos los perfiles inundados de mensajes violentos y desinformación viral. Los que eran espacios de debate y formación de la opinión se convirtieron en vertederos de odio y noticias falsas.

A estas alturas, la solución está en manos de las plataformas. Se trata de “entrenar” a los algoritmos, evitar las técnicas de personalización, asegurar el contenido y evitar la desinformación y viralización. En pocas palabras, se trata de crear una red social a favor de la sociedad.

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