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El presidente puede propinar un duro golpe al poder invisible del aparato secreto de seguridad e inteligencia y sus encubiertos intereses que socavan la democracia.

En lo que parece ser el término de su mandato, Donald Trump tiene oportunidad de tomar una decisión histórica. El presidente puede concederle un indulto a Edward Snowden.


En ese caso, el perdón presidencial marcaría un hito histórico. Ningún hecho en la historia reciente se compararía con esa acción. El indulto a Edward Snowden significaría una reafirmación de los valores democráticos y los principios de legalidad en el país.

Snowden fue el primer en ofrecer evidencia el extenso programa de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, en inglés). El analista trabajaba para esa agencia y se negó a permanecer en silencio.

Lo que reveló era la extensa, inescrupulosa y ultimadamente ilegal maquinaria gubernamental para espiar a sus propios ciudadanos.
Ahora, una corte de apelaciones de EE. UU dictaminó por unanimidad que ese programa de vigilancia nacional masiva de la NSA era ilegal. Pero los problemas de Snowden no se terminan por eso.


El tribunal, y el público en general, conocieron este programa ilegal de vigilancia masiva creado por la NSA gracias a Snowden, Descubrió su existencia y concluyó en 2012 que el público estadounidense tiene derecho a saber sobre lo que se estaba haciendo en secreto.
El periodista Glenn Greenwald explica que durante décadas, las denuncias sobre el llamado «estado profundo» eran un monopolio de la izquierda.


El «estado profundo» es una expresión usada para designar a la maquinaria secreta de seguridad e inteligencia en los EEUU. Un entramado que se considera una amenaza para los valores democráticos fundamentales y los derechos constitucionales.


Durante los últimos cinco años, comenzando con las elecciones de 2016, el movimiento Trump (y el propio presidente) conocieron la facilidad con la que se abusa de esos poderes. También presencuaron sus destructivos resultados.
Esos argumentos los esgrimió Trump cuando por qué estaba considerando este perdón al diario The New York Post. Una ley injusta. Un indulto a Edward Snowden sería uno de los mayores golpes contra el abuso del secreto y el poder de espionaje de ese estado profundo en décadas.
Probablemente, sería el acto más significativo desde las advertencias de 1961 de Eisenhower. El mandatario alertó en su discurso de despedida sobre los crecientes peligros del «complejo industrial militar”.

Un perdón de Snowden por parte de Trump provocaría vítores bipartidistas en todo Estados Unidos y generaría apoyo a nivel mundial en todo el espectro ideológico.

Y además es la única vía legal para permitir que Snowden vuelva a los Estados Unidos. La posibilidad de que acepte ir a juicio y reciba un tratamiento justo es inexistente.


Snowden es perseguido bajo un estatuto arcaico usado por la administración de Obama para enjuiciar a más denunciantes que todas las administraciones anteriores combinadas. Se trata de la Ley de Espionaje de 1917.


De acuerdo con esa norma, alguien es automáticamente culpable si proporciona información clasificada a una persona que no está autorizada a recibirla. Eso incluye a periodistas. La ley incluso prohíbe presentar una defensa de “justificación” en la corte.
La ley bajo la cual eligieron procesarlo garantiza un proceso manipulado en el que un veredicto de culpabilidad es casi inevitable.


La impunidad del «estado profundo»
Es precisamente por eso que los funcionarios de Obama utilizan esta ley de 103 años. El próposito original de la Ley de Espionaje era criminalizar la disidencia de la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial.


Snowden no reveló ninguna información clasificada al público. El agente entregó los datos a medios de comunicación. Fueron las juntas editoriales de los medios los que decidieron qué publicar.


Tampoco hay fundamento par las acusaciones de que Snowden puso a efectivos militares y de inteligencia en peligro.


Del otro lado, los acusadores de Snowden están impunes. El Director de Inteligencia Nacional. James Clapper de Obama, le mintió al Senado cuando le preguntaron sobre la vigilancia masiva sobre los estadounidenses.


El engaño fue la motivación final para que Snowden procediera a revelar la información sobre el espionaje masivo.


Clapper nunca fue procesado por mentirle al Senado. Ni siquiera perdió su trabajo con la administración Obama. Ahora trabaja dentro de los medios corporativos, entregando las “noticias” para CNN.


Con información de Glenn Greenwald. / Fuente