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La historia de los audífonos



Mi primer contacto con unos audífonos (auriculares, cascos) lo tuve a muy corta edad. Mi abuelo materno, que era finlandés, era un gran aficionado a la radio. No solo hizo cursos de cómo construirlos, sino que, por vivir en Medellín, a 10 000 kilómetros de distancia de su hogar, quería estar enterado de todo lo que sucedía en Europa, especialmente durante la II Guerra Mundial.

Él falleció cuando yo solo tenía 5 años, y los pocos recuerdos que tengo de él son los cables que, a manera de antena, tenía colgados en el techo de la habitación de la clínica donde pasó sus últimos días, víctima de un cáncer de garganta. Y también recuerdo que usaba unos audífonos muy rudimentarios, como de telegrafista, que eran los que se usaban a finales de los años 50.

Ya un poco más grande, cuando empecé a recibir clases de inglés en la primaria, un monje benedictino muy moderno decidió enseñarnos ese idioma de manera audiovisual. En el suelo, al lado de cada fila de pupitres, había unos largos listones de madera con los conectores para que cada alumno enchufara allí sus auriculares y pudiera escuchar la pronunciación correcta, mientras él nos mostraba imágenes en filminas proyectadas.

Desde entonces, el uso de audífonos ha sido una constante en mi caso, y me ha tocado vivir la evolución que han tenido con el tiempo, desde aquel auricular que se usaba en una sola oreja y que traían los radios de los años 60, pasando por los que traían los Walkman hasta llegar a los modernos AirPods de hoy.

Mirando en retrospectiva, es fácil entender que el uso de los audífonos no está limitado a quienes trabajamos con la voz. Por el contrario, hoy, más que nunca, se han popularizado y se han convertido en un implemento necesario para nuestra vida común.

Por eso en mi artículo de hoy he querido contarles una breve historia de estos dispositivos.

Historia

A diferencia del fonógrafo, los auriculares no pueden reclamar un solo inventor. En cambio, su desarrollo es un proceso constante de experimentación y mejoras que se remonta a finales del siglo XIX.

Los primeros modelos no eran bonitos ni cómodos, ofrecían un sonido débil y, obviamente, no producían el efecto estéreo, que no había sido inventado. Pero de estos humildes comienzos surgió la gama de auriculares de alta fidelidad, inalámbricas y con cancelación de ruido que disfrutamos hoy.

Finales del siglo XIX: aparecen los primeros dispositivos de escucha personal

En 1878, se presentó la primera patente de un transductor electrodinámico, que más o menos marca el comienzo de los parlantes o bocinas. Como era de esperarse, no pasó mucho tiempo antes de que la gente se diera cuenta de que el disfrute de una persona era la molestia de otra. De allí que las tecnologías para aplicar los altavoces al uso personal surgieron rápidamente.

La primera aplicación de altavoces que solo podía escuchar una persona en la sala tenía un uso práctico y profesional. Los operadores telefónicos a principios de la década de 1880 comenzaron a usar audífonos individuales. Esto permitió que muchas personas en una habitación se sentaran juntas mientras escuchaban diferentes audios.

Por su parte, los audífonos para el placer de escuchar comenzaron a aparecer poco después, en la década de 1890, cuando la compañía Electrophone comenzó a usarlos para transmitir música desde los teatros de ópera de Londres a los suscriptores de pago.

Ninguno de los dispositivos se parecía a los auriculares de hoy. Por un lado, no se usaban en la cabeza. Esto era poco práctico debido al peso de los primeros sistemas de escucha personal. Los auriculares utilizados por los operadores telefónicos por sí solos podían pesar más de 4 kilos y descansaban sobre los hombros del usuario.

El artilugio utilizado por Electophone para escuchar música se parecía al estetoscopio de un médico.

El nacimiento de los audífonos portátiles

Los primeros auriculares que reconoceríamos como tales fueron la invención de un estadounidense llamado Nathaniel Baldwin. Conocido como el «Radio Head-Set» (“Equipo de radio para la cabeza”), el dispositivo de Baldwin se podía usar por fin de manera cómoda en la cabeza. Dos auriculares estaban conectados por una diadema. Ese diseño es prácticamente el mismo que seguimos usando hoy en día.

El sonido, aunque monofónico, era decente.

Como muchos inventores ambiciosos en ese momento, Baldwin envió un prototipo de sus auriculares a la Marina de los EE. UU. que ya usaba sistemas similares, aunque burdos y tecnológicamente menos sofisticados, para sus comunicaciones por radio.

La Marina estaba ansiosa por ordenar muchos más, pero se enteraron de que la producción de Baldwin se limitaba a series de 10 cascos a la vez, ya que sus instalaciones eran muy limitadas, en la cocina de su casa, y solo podía producir 10 auriculares al tiempo.

Además de estas limitaciones de producción, el joven ingeniero e inventor se negó a patentar su diseño, creyendo que la innovación involucrada era demasiado pequeña para justificarla. Esto condujo a muchas otras copias exitosas y contribuyó a la ruina financiera de Baldwin.

Los auriculares dinámicos y el estéreo mejoran la calidad del sonido

La siguiente gran innovación en la historia de los auriculares vino de Alemania. En 1924, un joven ingeniero llamado Eugen Beyer fundó la Elektrotechnische Fabrik Eugen Beyer en Berlín para producir altavoces. En 1937, la empresa cambió su nombre a Beyerdynamic y presentó los primeros auriculares dinámicos del mundo, los DT 48.

Estos audífonos eran capaces de alcanzar niveles mucho más altos y de mejor sonido que los auriculares de radio que había inventado Baldwin. Los de Beyerdynamic conservaron el diseño básico de Baldwin, pero mejoraron sustancialmente la comodidad de uso. Los DT 48 supusieron un salto tan grande hacia el futuro que todavía se producen hoy en día, con ligeras modificaciones y un sonido mejorado.

La década de 1950 anunció una nueva era de disfrute personal de la escucha gracias a varios desarrollos clave: después de la guerra, la economía mejoró y aumentaron los ingresos de la gente. Además, se dio la invención del sonido estéreo, pero también llegaron los discos de larga duración.

En 1958, John C. Koss, un músico estadounidense de jazz aprovechó estas tendencias al presentar los primeros audífonos estéreo, los Koss SP/3, que prometían una experiencia similar a la de escuchar música en vivo, frente a los artistas.

Sin embargo, surgió un problema: los equipos de sonido de esa época no tenían salidas para conectar los audífonos, así que Koss convenció a los fabricantes de audio de que incluyeran conexiones estandarizadas para auriculares. Esa fue, tal vez, la mayor contribución de Koss en el campo del sonido.

Pero llegaron más innovaciones: los parlantes o altavoces portátiles que funcionaban con baterías también aparecieron en escena en la década de 1950, y el primer radio portátil de transistores para uso personal fue desarrollado por Texas Instruments junto con Industrial Development Engineering Associates, y fue lanzado en 1954.

La tecnología de transistores reemplazó los tubos de vacío utilizados en las grandes radios que la gente tenía en sus hogares hasta entonces, que no solo generaban mucho calor y gastaban mucha energía, sino que ocupaban mucho espacio en los equipos.

Por primera vez, los sistemas de sonido eran lo suficientemente pequeños como para llevarlos a cualquier parte. Sin embargo, esos radios de transistores no fueron diseñados para funcionar con audífonos, aunque en los años 60 comenzaron a vender unos receptores portátiles de radio a pilas que traían un audífono.

Esos radios venían generalmente protegidos por una cubierta de cuero y un cinto para colgar el radio en el hombro. Por ejemplo, en el cinto del Transcontinental Transistor de Sanyo había adherido un pequeño compartimiento para guardar el audífono, monofónico y que solo se usaba en un oído y una antena con una ventosa que se podía pegar en una ventana para mejor recepción.

Audífono monofónico de radio
(Fuente: Parts Express)

De portátil a personal: cobertura de espuma y auriculares

En la década de 1970, los audífonos ya no se usaban solamente para el trabajo de locutores, músicos, productores, aviadores y militares en general, sino que comenzaron a ser usados como una forma de escuchar la música de una manera más placentera y sin molestar a sus vecinos.

El siguiente paso fue dejar de escuchar la música en los equipos de sonido caseros para que la gente pudiera disfrutar su música en cualquier lugar. Eso fue lo que entendió claramente la Sony Corporation, que en 1979 revolucionó el mundo del audio con su Walkman.

Antes de la aparición del Walkman, y cuando la música comenzó a inundar las calles de las grandes ciudades, las llamadas ‘boombox’ o ‘cajas de sonido’, que eran unas radiograbadoras con parlantes más grandes y potentes y un equipo reproductor de casetes, inundaron las esquinas de los barrios gracias al auge de la música hip-hop.

La gran ‘caja de sonido’ o ‘Boombox’
(Fuente: Pinterest)

Pero esas boomboxes eran demasiado grandes y pesadas. Seguramente muchos recuerdan las imágenes de los usuarios con sus grandes equipos de sonido al hombro caminando por la calle. Al fin y al cabo, habían sido diseñados para ser usados con un grupo de amigos o para mostrarle al mundo los gustos personales de sus usuarios.

Y allí fue cuando Sony se fue al otro extremo. El Walkman le dio vida a la idea de disfrutar de la música al aire libre en privado.

El reproductor portátil de casetes que funcionaba con baterías venía con auriculares pequeños y muy livianos. Esos audífonos estaban cubiertos de espuma y, aunque el sonido no era exactamente de alta fidelidad, sí era bastante bueno.

El revolucionario Walkman de Sony
(Fuente: Expansión)

Gracias al Walkman, la gente que salía a trotar, a hacer ejercicio al aire libre y los viajeros encontraron en ese dispositivo una gran compañía durante las dos décadas siguientes, lo que llevó a muchos a familiarizarse intensamente con sus álbumes favoritos de los grandes artistas de los años 80, que tanto recordamos hoy en día.

Pero el auge del Walkman comenzó a ver su declive a finales de los años 90, cuando comenzaron a surgir reproductores de archivos MP3 que permitían a los usuarios almacenar varios álbumes para su reproducción portátil. Sin embargo, estos nuevos sistemas no se pusieron de moda sino hasta el lanzamiento del iPod de Apple en 2001.

Apple no solo revolucionó la escucha de música con su interfaz de usuario intuitiva, sino que reemplazó los audífonos forrados en espuma que todos habían estado usando desde la llegada del Walkman.

Una de las características clave del iPod eran sus auriculares más pequeños, de aspecto espacial. Tampoco entregaban un gran sonido de alta fidelidad, pero eran fáciles de guardar en un bolsillo o en un bolso y permanecían bien ajustados en las orejas sin la necesidad de una diadema.

Pero lo más llamativo del iPod y sus pequeños audífonos fue que le dieron al usuario una cierta modernidad, y con ellos se anunció la llegada de la nueva era de la música digital.

El regreso de lo grande: los audífonos más grandes y con mejor sonido se vuelven portátiles

Los audífonos que se metían en las orejas, conocidos en inglés como “earbuds”, siguieron siendo el pilar de la música portátil durante aproximadamente una década hasta que tuvo lugar una especie de renacimiento de los auriculares tradicionales. A finales de los años noventa comenzaron a aparecer en escena unos audífonos descomunalmente grandes y coloridos.

Mucho más grandes que los earbuds y que los audífonos de espuma de los Walkman, estos grandes audífonos revivieron de manera nostálgica pero más moderna los viejos modelos de la era de oro del sonido de alta fidelidad.

Audífonos Beats Wireless
(Fuente: Beats by Dre)

Al parecer, el público comenzó a pedir una mejor calidad de sonido. En pocas palabras, el buen sonido de repente se convirtió en una declaración de moda y se abrió la puerta a una variedad de estilos de auriculares que podrían usarse con orgullo en público.

Se estaba gestando así una revolución del sonido portátil. Las empresas de audio de todo el mundo comenzaron a producir modelos de auriculares en todos los tamaños y diseños posibles. Estaban los que se introducían en los oídos (in-ears), los que se ponían encima de ellos (on-ears) o los que tapaban por completo las orejas (over-ear).

De la misma forma, llegaron los audífonos con sonido claro y transparente y los que hacían un gran énfasis en los bajos, movidos, de nuevo y en forma especial, por la moda del hip-hop.

Y además de estas opciones, más recientemente, los consumidores de hoy pueden elegir entre auriculares con cable tradicionales y versiones inalámbricas que usan Bluetooth para transmitir música. Otra gran innovación han sido los audífonos con tecnología de cancelación activa de ruido, que evitan que el ruido exterior perturbe el disfrute de la música del usuario.

El futuro de los auriculares: los ‘hearables’ y más allá

Es indudable que los auriculares inalámbricos seguirán siendo populares. Apple apostó por esta tendencia al acabar con la entrada de auriculares de 3,5 mm en sus últimos modelos. Pero más allá de esa innovación, la nueva tendencia está orientada a los llamados “hearables”, una mezcla entre ‘hear’ (escuchar) y ‘portables’ (portátiles).

Estos dispositivos internos se parecen un poco más a los audífonos que usan quienes tienen limitaciones de audición, pero se han convertido ahora nada menos que en pequeños asistentes personales.

Las funciones varían desde el aumento de la audición hasta el seguimiento de los signos vitales, y se pueden conectar y emparejar de manera sencilla con una variedad de dispositivos inteligentes. Incluso los ‘hearables’ futuros también podrán ofrecer traducción de otros idiomas en tiempo real.

Conclusión

Han pasado muchos años desde que alguien se dio cuenta de que la escucha de audio en su equipo de sonido podía molestar a sus vecinos, por lo que buscó mayor privacidad e inventó los audífonos o auriculares.

Su evolución en poco más de un siglo ha sido impresionante, lo que nos permite trabajar de una manera más cómoda y segura y disfrutar de la música con mejor calidad y placer.

Sin duda, nuestros oídos están a la espera de desarrollos más emocionantes. Tal como acostumbramos decir en la radio, ¡hay que estar atentos!

Fuente