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La crisis del corona devastó la avenida 33, zona que era referente de la rumba en Medellín. Hoy, más de la mitad de los cerca de 50 establecimientos están cerrados. Hay una dicotomía con lo que dejó la crisis en esta zona de la ciudad: para muchos comerciantes significó la pérdida de sus empresas y su sustento. Para algunos vecinos significó el retorno de la tranquilidad y la seguridad al barrio.

Tras seis meses de cierre obligatorio por la crisis del corona, muchos comerciantes no aguantaron el ahogo económico y tuvieron que cerrar. Los carteles de «Se arrienda» que cuelgan de las vallas es la imagen más recurrente que se observa a lo largo de la avenida 33. Bares míticos, que llevaban más de 10 0 15 años atendiendo en el sector, hoy parece haber cerrado para siempre.

Algunos vecinos no encuentran tan mal las circunstancias. Argumentan que desde el pasado marzo que empezó la crisis la tranquilidad, la seguridad y el silencio volvió al barrio. Ya no se escucha el ensordecedor ruido hasta las 4 de la mañana, ni el consumo de drogas en el vano de los edificios. Caminamos más tranquilos por el barrio, comentan algunos.

Otros comentan que nos les alegra la situación de algunos de los comerciantes, muchos de ellos vecinos, que se han quedado sin su sustento.

Situación actual

Incluso, ahora que han vuelto a abrir algunos de estos establecimientos, las restricciones son difíciles de llevar. La gente en la ciudad está acostumbrada a que la rumba empieza a las 10 de la noche y el permiso sólo se extiende hasta las 12. Debido al poco consumo, las medidas de seguridad, las restricciones del aforo terminarán por acabar con la mayoría de estos negocios que luchan con las uñas para sobrevivir.

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