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De cara a una nueva ola infectocontagiosa por el coronavirus pandémico junto al aumento de riesgo de muerte, hasta en un 58% asociado al actuar de la cepa brasilera del Covid19 -la misma que ya escapa a la protección de vacunas como la Sinovac. O ante la afamada cepa británica, caracterizada por ser entre un 43% y un 90% más contagiosa que la primera-, según estudio de 150.000 muestras de enfermos ingleses, análisis mucho más serios e integrales deben hacerse, obligando a la ciencia a despojarse de sus prejuicios o sesgos cognitivos disciplinares.

La crisis pandémica puede no haber pasado, pese a los grandes esfuerzos mundiales por fabricar y distribuir vacunas contra el coronavirus inicial. Nuevas variantes como las de Brasil, Uganda, Nigeria, Sudáfrica, Portugal o California se caracterizan por aumentos en su transmisibilidad y/o reducciones en su capacidad de ser neutralizadas.

Pero en principio, indiquemos que desvirtuar los significados de las palabras es un error común en esta época ligera. Los confinamientos o cuarentenas también lo han sido durante la ampliada presencia de SARS-CoV-2. En el escenario actual, ya no se puede impedir que llegue la infección. La infección ya está. Muta, notablemente, y se halla distribuida en múltiples geografías. Eso connota una enorme diferencia procedimental actual bajo una realidad dinámica cambiante que exige variar las medidas que, parcialmente, sirvieron en un inicio.

Debe señalarse ese punto por cuanto la insistencia en las anteriores medidas puede haber resultado contraproducente en doble vía (económica y sanitaria). Valga decir que la excepción está en los menores de edad dado su ambiguo papel en la pandemia.

Estas últimas poblaciones además de sí poder padecer clínicamente la infección, como lo evidenció el colapso de la UCI en Cali al final de 2020 tras abrirse su grupo generacional en las vacaciones, pueden sufrir la infección de manera moderada y grave, pero también, pueden comportarse como un vehículo biológico de diseminación del virus, al interior de las familias e instituciones, bajo las actuales circunstancias donde los adultos jóvenes (sus padres) serìan los últimos contingentes poblacionales en ser vacunados, implicando esto una seria vulnerabilidad.

Al decir de Emile Durkheim, padre de la Sociología Clásica, en Las Reglas del Método Sociológico, debemos entonces comparar para explicar.

Sin distribución vacunal suficiente, la insistencia en liberar a la población joven, o volver a encerrar la adulta, garantizaría, con responsabilidad pública para los funcionarios, un nuevo pico de la infección para abril de inducirse estas situaciones. Abordemos las razones con un poco más de detalle.

Sobre las cuarentenas

De acuerdo con el Diccionario Etimológico de Gómez de Silva, la palabra Cuarentena implica varias raíces; un periodo de tiempo de diez veces cuatro, en días o incluso años, proviniendo del latín quadraginta (que traduce Cuarenta) y que recoge en su construcción la raíz indoeuropea kwetwer junto al sufijo decimal, -ginta. La seguida terminación –ena significa una agrupación relativa a grupos de unidades que pueden ser de tiempo (decena, quincena, treintena).

Así, la cuarentena ha sido una medida sanitaria de 40 días, con origen sacro, donde se aislaba a los infectados. Marsella, según registros históricos, en 1383 ya instauraba reglamentariamente los cuarenta días de aislamiento para prevenir la propagación de infecciones por vía naviera desde las tripulaciones que arribaban de ultramar. Entre 1347-1353, Europa y Asia habían visto una de las pandemias más brutales de la historia: la peste negra o peste bubónica –por los bubones vistos en los cuerpos atacados por la bacteria Yersinia pestis–.

Un tercio de la humanidad murió debido a esta catástrofe sanitaria. Para 1374, Venecia y Génova cerraron la entrada de sus puertos a los barcos que venían de regiones azotadas por la peste, y del mismo año, es el edicto de Bernabo de Reggio, que puede ser considerado como el verdadero origen de la cuarentena como medida de política pública salubrista.

En el siglo XV esta cuarentena, hizo nacer el “lazareto” (de Lázaro, en otro episodio bíblico), también en Marsella, por 1476. Era este un espacio complementario donde los pasajeros debían permanecer en espera que pasase el período de “cordón sanitario” que, separaba sanos de enfermos. Con el tiempo llegarían a establecerse complejos reglamentos que buscaban proteger la salud de la población y su integridad misma como deber de cualquier gobierno.

En 1518, el esclavo de origen africano Fernando de Egía, vehiculiza la viruela portándola para el Nuevo Continente donde cunde por las distintas regiones de forma mortal. Sólo hasta 1803, la Real Expedición Filantrópica de la Vacuna de Carlos IV, a quien tal enfermedad le había significado perder una hija, trajo la solución de inicio vacunal para frenar la infección que había llegado a matar el 90% de la población americana.

El creador de esa primera vacuna (en 1796) y padre de la Inmunología, Edward Jenner, sufrió una cuarentena clásica de niño contra la viruela humana. Su amargo recuerdo fue una motivación para fundar y desarrollar el proceso de vacunación cuando un virus similar, el de la viruela de las vacas (Cowpox) atenuado (virus Vaccinia) -y razón por la cual la vacuna se llama así-, logró proteger contra la Viruela Humana (Smallpox): única enfermedad viral que hasta hoy ha sido erradicada de la faz de la tierra por el efectivo mecanismo de inmunización cruzada con los virus de una especie que protegen contra virus similares de otra especie.

Otro grande, Newton, fue recluido por dos años debido a la Gran Peste (1665-1666), también bubónica, causada por la bacteria Yersenia pestis, que le costó la vida a un cuarto de la población londinense. Newton aprovechó ese tiempo para construir su propuesta matemática del Cálculo de fluxiones (funciones) en paralelo con Leibniz quien hizo lo mismo en Alemania.

Pero el significado etimo y lógico de la “cuarentena”, como se dijo, ha sido desvirtuado en la modernidad hasta por la Real Academia de la Lengua Española, al implicar un vago “aislamiento preventivo a que se somete durante un período de tiempo, por razones sanitarias, a personas o animales”, sin observación estricta a su suficiente duración cronológica.

Implicaciones: El cierre en los casos de Bogotá y Alemania

El tema no es baladí. Con base en el abuso de esta medida sanitaria, Bogotá, superó los 5 meses de confinamientos forzosos, e involucró el inusitado defecto de encerrar a individuos sanos con enfermos en 2020 y 2021. Los efectos pueden verse en las gráficas anexas.

Las dramáticas consecuencias económicas y sociales no se han hecho esperar. El deterioro de la economía y el hambre pasaron a ser realidades para muchos. El inconveniente autoritarismo inútil de algunos políticos ha encontrado, en la figura y el episodio vigente, una posibilidad para sus excesos y extralimitaciones políticas en perjuicio de la población civil e incluso sus credos. En Bogotá, por ejemplo, mientras que se prohíben las celebraciones religiosas, el derecho a la protesta destructiva (asonada en términos penales) sigue permitiéndose tras destrucciones de casi policiales e intentos por quemar la iglesia de San Francisco.

Pero incluso, al mejor panadero se le quema el pan. El caso alemán, consabido alumno aventajado entre las naciones del mundo, que venía siendo muy bien manejado de la mano del Médico Veterinario e Investigador, Lothar Wieler, se desbordó por disonancias cognitivas semejantes. Epidemiológicamente, durante las últimas semanas de diciembre y enero de 2021, el episodio se hipermultiplicó en un contexto de paradójico abuso de la medida cuarentenal-dura por parte de las imposiciones políticas predominantes sobre aquellas científicas.

El “cierre duro” germano -encierro y supresión masiva de actividades comerciales- inició el 16 de Diciembre y fue extendido primero hasta el 31 de Enero en Alemania.

Luego, una adición extra al “fetiche” del cierre, como política pública sanitaria en que los tomadores de decisiones convirtieron este instrumento, lo extendió luego hasta el 14 de Febrero de 2021, en seguida, hasta el 7 y después, 28 de Marzo.

Pero la infección en vez de ceder con la estricta política fue catapultada. Las cifras de mortalidad que tomaron 10 meses en consolidarse a diciembre, en sólo dos meses se triplicaron bajo el fútil cierre estricto. La economía nacional germana se contrajo un 5% habiendo caído a un estado de recesión. Ni que decir en las restantes naciones de Occidente.

Las muertes totales -irrefutable indicador epidemiológico-, debidas al Covid-19, se dispararon en la nación germana en vez de aminorar en el contexto del cierre duro.

Alemania pasó de 24.273 decesos el 16 de diciembre de 2020 (acumulados en 10 meses) a 65.829 fallecimientos el 16 de febrero de 2021 (dos meses) , bajo el estricto confinamiento que encierra sanos con enfermos (…). La incidencia mortal casi se triplicó.

La evaluación e insistencia de los confinamientos como medida de Salud Pública, según la ciencia, debe sujetarse a especificados estándares científicos, acorde con parámetros objetivos como el número de los reactores positivos, que de no disminuir, no permiten mantener irracionalmente la aplicación del instrumento.

Los reactores positivos alemanes, por su parte, saltaron de 1.423.830, a mitad de diciembre, a 2.352.766 el 16 de febrero de 2021. El efecto dominó en cuanto a contagios intramurales de los núcleos familiares garantizó una transmisión co-habitacional, donde con el correr de las semanas, bajo el encierro forzoso, el invierno, y la baja circulación aérea al interior de los domicilios, presuntamente, se terminó por provocar el contagio masivo visto con un pico al final de enero e inicio de febrero. Marzo 19 contaba 74.358 muertes con 2.640.271 positivos acumulados en Alemania pese a sus cierres duros extendidos desde 2020.

 

Fuente: Datos Macro

 

Fuente: Datos Macro

¿Error multifactorial de las políticas públicas locales?

Aquí trasciende la observación científica de las ciencias sociales a las ciencias experimentales y médicas.

  1. Los sistemas: No sólo obedece esta problemática -en curso y con la amenaza de causar nuevas oleadas ante la comprensible tardanza en el acceso a las vacunas- al falso dilema o sofisma retórico, donde se vende la idea de tener que escoger entre la “salud o la economía”.
  2. En realidad, la economía es el sistema que permite el abastecimiento de los medios de vida en libertad, como constructo institucional, del hombre para el hombre. El hambre genera inseguridad (riesgo de lesiones), muerte, deterioro de la salud y hasta del aprendizaje. En este sentido la extralimitación, después de meses de incurrir en la inútil medida del confinamiento sobre un virus ya ubicuo, ha detonado una reacción en cadena de mayores contagios y quiebras económicas, que, por colapsos institucionales, falta de medios de subsistencia, inseguridad, y otros conflictos sociales derivados, atentan a gran escala contra la salud poblacional e institucional.
  3. El campo virológico comparado: Es sabido, además, que los Coronavirus humanos y animales al no sólo ser una infección respiratoria sino MULTISISTÉMICA, se contagian por gotas y microgotículas de secreciones y excreciones en suspensión aérea, como también por vía fecal-oral o por vectores mecánicos derivados, sea el portador sintomático o asintomático. Se sabe que la persona forma aerosoles con tan sólo hablar y esto rompe el paradigma según el cual los asintomáticos no contagiaban, hecho de interés para poblaciones jóvenes estudiantiles.
  4. El coronavirus que afecta múltiples sistemas (respiratorio, linfoide, gastrointestinal, neurológico, dérmico), se puede así contraer por vía respiratoria e incluso por vía conjuntival (por los ojos ante aires con gran carga viral ambiental). Esto en espacios abiertos y bien aireados no representa peligro pues las partículas diluidas en un aire circulante no forman la dosis infecciosa viral necesaria. No obstante, esta característica aérea en espacios cerrados –como aquellos que fomentan los cierres- determina que el virus queda suspendido muy fácilmente en los aires intramurales así contaminados (al interior de hogares, hospitales, o espacios cerrados) y se produce una REACCIÓN EN CADENA DE POSITIVOS entre las personas encerradas que respiran un aire compartido donde co-habitan. Como en el caso de los coronavirus animales, también es factible la transmisión por superficies (vectores mecánicos) y por la vía fecal-oral derivada del compromiso multi-sistémico que caracteriza esta infección que no es sólo respiratoria sino gastrointestinal, circulatoria, cutánea, y hasta neurológica. Han dicho las redes que esto no es posible, tanto como han dicho innumerables y perjudiciales falsedades sobre el virus y la enfermedad.

La misma alcaldesa de Bogotá lo comentó en 2020: “el sitio de mayor riesgo de contagio es la casa”. En lugar de analizar esta información, y actuar racionalmente, en consecuencia, se recluyó de nuevo en Bogotá, a la población sana con la enferma, sectorialmente, desde diciembre. Cada unidad habitacional se comportó como una mezcladora diseminando el virus entre quienes viven juntos (ver gráficas sobre las localidades encerradas de Suba, Engativá y Usaquén).

En el caso alemán, o en el caso colombiano, la Salud Ambiental, o la clásica medicina hipocrática tan menospreciada por muchos médicos, igual entra en juego. Las condiciones ambientales pesan. Marzo y abril prometen mantener un índice mayor de lluvias y bajas temperaturas lo cual favorece las gripes estacionales en nuestro medio. Fenómeno ambiental éste similar al que ocurre en países con estaciones debido a la polinización primaveral que irrita vías respiratorias y oculares, facilitando infecciones oportunistas.

En Bogotá, tras las medidas de cierre equivalentes, los casos positivos en tres localidades que sufrieron cierres sectoriales, igual vieron catapultar sus casos de infectados de una manera absurda bajo la dinámica del contagio intra-domiciliario inducido.

Del 8 de diciembre de 2020 al 24 de enero del 2021, los reactores positivos escalan de 50.872 a 81.043 casos en Suba; de 40.146 a 61.773 en Engativá y de 23.132 a 38.256 en Usaquén. Para el 16 de febrero de 2021, las cifras escalaban a 90.862 casos en Suba, 69.334 en Engativá y 43.000 casos en Usaquén (ver gráfica).

 

Fuente: Salud Data – Secretaria de Salud de Bogotá

 

Fuente: Salud Data – Secretaria de Salud de Bogotá

Factor omitido: La salud ambiental desde el sol

Si al 28 de enero de 2021, no había llegado a Colombia ni la cepa británica, ni la sudafricana, ni la brasilera, además del descuido en las normas de bioseguridad, que los alemanes, en contraste, sí siguieron respetando de forma estricta,

¿A qué, científicamente, puede entonces deberse el descomunal aumento de casos en el final de 2020 e inicios de 2021?

Hay un factor común ambiental en ambos eventos. En este no han reparado, públicamente, ni los políticos, ni los médicos convencionales, pero explica también la inconveniencia de los cierres comerciales, encierros, y la expansión inusitada de la infección de esas últimas semanas.

Estamos hablando de la ausencia de sol (o merma del periodo foto-lumínico, natural por invierno o artificialmente inducida por leyes de confinamiento) y sus efectos fisiológicos (funciones en el cuerpo).

Hipócrates -padre de la medicina- advierte que, sí se quiere practicar, “perfectamente”, el arte de la medicina, lo primero que debe entenderse son las estaciones, los aires, las temperaturas, las aguas. En síntesis, la Physis. La physis que para la edad clásica representa la Naturaleza Total, vista de un modo tan integral que incluye el medio a gran escala (el universo, los astros).

Alemania ve el recrudecimiento epidemiológico en el centro de su invierno. En latitudes con estaciones la luz es menor en esta época. El sol en promedio puede salir a las 8 – 8:30 AM y caer en torno a las 5 PM o incluso antes. Es decir, hay una menor exposición de las gentes a los rayos ultravioleta solares por reducción del periodo foto-lumínico.

¿Y Bogotá? En Bogotá o en otras latitudes del trópico, artificialmente, dados los cierres, normas y mínimos permisos muy reducidos de tiempo para salir o ejercitarse, se ha provocado que la gente permanezca la mayor parte de su tiempo en casa con baja exposición al sol.

En personas con síntomas de la infección, los bajos niveles séricos de Vitamina D3 son sorprendentes. Aún, sí pasan los pacientes a consumirla diariamente, en concentraciones de 2000 UI, por prescripción médica, estos llegan a tener sus niveles apenas entre 50-60 ng/ml los que no logran acercarse a los límites de riesgo tóxico (>100 ng/ml).

Estudios de España (Hernández et al, 2020), Irlanda (McCartney & Byrne, 2020) y EE. UU (Kaufman et al), corroboran el hecho para el cual las personas con bajo nivel de esta vitamina D3, repito: anti-viral, llegan a ser más probablemente hospitalizados, o a morir.

Con todo lo anterior, de cara a una posible nueva ola, los cierres no deben ser volver a ser la medida nuclear del control pandémico. La bioseguridad y la educación, sí. Los estudiantes niños y jóvenes podrán ser liberados, de forma más responsable, una vez los adultos medios, además de los mayores, ya estén vacunados.

Detener la demolición del aparato económico, que puede traer consecuencias peores como amenaza vital, en comparación a la misma enfermedad, es un mandato tan claro como urgente, desde la racionalidad.

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