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La multinacional Amazon es el patrón que describe el capitalismo actual: una empresa de alta tecnología y unas condiciones de trabajo terroríficas que recuerdan el estudio de Engels sobre “La condición de la clase trabajadora en Inglaterra”, escrito en 1845.

Los propios contratos de trabajo establecen que las tareas encomendadas pueden provocar un alto grado de tensión laboral, que son agotadoras y que el trabajador no puede reclamar nada contra la empresa debido a la explotación intensiva.

La multinacional se guía por una de esas nuevas “armas de destrucción matemática” que acrecientan la dependencia de los algoritmos matemáticos. Cada vez más las empresas funcionan como autómatas mecánicos, lo mismo que los trabajadores y los clientes.

La multinacional obtiene una gran cantidad de información de sus clientes, que utiliza para alimentar a su monstruo algorítmico. Los trabajadores del almacén son sólo un pequeño engranaje en la gran rueda de extraer beneficios.

En 2019 la empresa controlaba el 40 por ciento de las ventas en línea en Estados Unidos. Pero la mayor del mundo en términos de ventas sigue siendo Walmart, que también se prepara para unirse al club de los algoritmos invirtiendo mucho dinero en “inteligencia artificial” y bases de dados. Es el futuro de las ventas al por menor en internet.

El viejo sueño de Frederic Taylor de convertir a los trabajadores en apéndices de las máquinas y el sueño de Henry Ford de vincular dicho apéndice a una cadena de producción se ha acelerado con la “inteligencia artificial”, los algoritmos y las bases de datos.

Los 225.000 trabajadores de Amazon están sometidos a una presión constante para obtener el mayor rendimiento y los máximos beneficios. La multinacional procesa miles de millones de pedidos y mantiene torres de servidores informáticos en la nube.

En 2017 y 2018 Amazon no pagó prácticamente ningún impuesto sobre la renta en Estados Unidos, a pesar de obtener 10.000 millones de dólares de beneficios. Es algo que desacredita a cualquiera hoy día y, Como el capital vive de su imagen, necesita ocultar la mierda bajo el felpudo, tener una prensa sumisa, periodistas lacayos y un buen departamento de relaciones públicas que lave la marca comercial.

El ejército propagandístico de Amazon se compone de 250 especialistas en pintar de blanco lo que es negro pero, como no era suficiente, Bezos acabó comprando el Washington Post.

Teletrabajo y la tienda en casa

En 2018 un sondeo preguntó a los estadounidenses qué instituciones merecían su confianza. Los demócratas eligieron a Amazon. Los republicanos la eligieron en tercer lugar, detrás de los militares y la policía.

A los encuestados les gusta más Amazon que el FBI, las universidades, el Congreso, la prensa, los tribunales o la religión. El 51 por ciento de los estadounidenses asiste a algún servicio religioso, pero el 52 por ciento tiene una cuenta en Amazon Prime. El consumismo triunfa sobre la religión. Un 44 por ciento dijo que preferiría evitar el sexo que dejar de usar Amazon por un año. El 77 por ciento preferiría evitar el alcohol por un año que comprar en Amazon.

El sondeo también reveló que más del 47 por ciento de los encuestados realizaron compras en línea mientras usaban el baño, más del 57 por ciento en el trabajo, más del 23 por ciento cuando estaban en un atasco de tráfico y más del 19 por ciento estando borrachos.

La principal razón por la que los compradores recurren a Amazon es porque les ahorra tiempo, molestias y gastos. Esto conduce directamente al actual confinamiento pandémico y al aislamiento social: teletrabajo y la tienda en casa.

Una empresa ‘científica’

Una empresa de alta tecnología como Amazon fabrica “ciencia” o, al menos, algo muy parecido a ella. Para ello gasta unos 30.000 millones de dólares al año en investigación y desarrollo, más que cualquier otra empresa en el mundo.

Una buena parte de ese dinero se invierte en las nuevas tecnologías de la información, “inteligencia artificial” y bases de datos. Son esenciales para procesar instantáneamente más de 300 millones de clientes, precios y lugares de almacenamiento de las mercancías.

Sus algoritmos miden las ventas de un nuevo par de calcetines de color verde en comparación con el modelo anterior y utilizan la diferencia de ventas para mejorar futuros pedidos. El sistema toma nota de cada transacción y prepara la siguiente. Llega un momento en que Amazon sabe mejor que tu lo que estás buscando en cada momento.

Dado que este modelo es científico, acabará generalizándose. El mundo quedará gobernado por un puñado de grandes monopolios mundiales que controlan los puestos de trabajo, las compras, el ocio, la salud, la educación, las finanzas y… todos y cada uno de nuestros movimientos.

Es el capitalismo que empieza a tomar asiento con el pretexto de la pandemia, en el que no se puede salir de la red, ni de una tela de araña en la que cada cual se aleja de su vecino. No sólo no le conoce sino que desconfía de él.

El mundo en línea es virtual y, naturalmente, no tiene nada que ver con el mundo real. La web de Amazon es un escaparate que contrasta con los almacenes de reparto, donde no hay tiempo ni de ir a mear.

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