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Por malévola ignorancia o por falsa ingenuidad, en Colombia nunca se ha enseñado cuál ha sido la verdadera influencia del Partido comunista chino en nuestro país. Muchos catedráticos de “derecha” piensan, incluso, que China es un modelo perfecto que logró conjugar con éxito el socialismo con el capitalismo (una de las premisas de “La tercera Vía”), y no dudan en pregonarlo por todos los canales posibles.

Falso. En China, desde 1949, gobierna oficialmente el Partido Comunista Chino; ese mismo año se estableció la República Popular China pero, antes, desde 1943, ya el partido iniciaba la consolidación de su poder en lo que llamarían la Revolución Comunista en China.

Entre 1943 y 1976 (año de la muerte de Mao), los del Partido Comunista, bajo la dirección del líder chino, asesinaron a cerca de 80 millones de chinos. Más de la mitad de estas ejecuciones la diseñaron en un plan eugenésico que llamaron “El gran Salto Adelante” (1958-1962) que llevó a la hambruna nacional.

En Colombia, entre 1943 y 1976, se vivió la Segunda Guerra Mundial muy de lejos, y el país ya estaba siendo penetrado por el Partido Comunista ruso (y luego chino) desde la década del 20; Enrique Olaya Herrera le otorgaría en 1930 la personería Jurídica a los comunistas stalinistas.

La Revolución china, increíblemente admirada por el uribismo y otras corrientes de izquierda en Colombia y el mundo

El dólar valía 1,75 pesos en 1949 y en 1976 alcanzó la cifra de 35,58. Eduardo Santos Montejo acababa de dejar la presidencia de Colombia y la asumía Darío Echandía, ambos liberales de izquierda, alumnos aventajados de las ideas comunistas en Colombia.

En esos años ocurrió el Bogotazo, con la participación del Partido Comunista y del entonces joven sicario Fidel Castro, quien viajó a Colombia a organizar los desórdenes y las ejecuciones. Sucedió el golpe de Estado de Rojas Pinilla y, años después, el robo de las elecciones que ganó frente a Misael Pastrana. También se organizaron las bandas terroristas del ELN y FARC, el M19, el EPL y otras, junto a todos sus grupúsculos políticos. Cuando el sádico Mao muerte, en 1976, el presidente en Colombia era Alfonso López Michelsen, creador del brazo marxista del Partido Liberal, el MRL, financiado luego por el narcoterrorista Pablo Escobar y el Cartel de Medellín.

Mao, pues, asesinó durante su vida a casi 80 millones de chinos, ganándole a su mentor, Stalin, quien alcanzó la cifra de 23 millones de asesinatos.

Mao y Stalin, su tutor

A finales de los años 50, la herencia marxista diseminada por Lenin (marxismo leninismo) empezó a ser criticada por muchos pensadores marxistas del mundo. Se veía con malos ojos aquello del “centralismo democrático”, la burocratización de los partidos leninistas, que se acercaban a entes capitalistas con el fin de usarlos para establecer las bases de la economía marxista y, luego, expropiar todo.

Muchos marxistas empezaron a observar los “avances” de Mao en la China, y se lanzaron a criticar al leninismo, cuya “coexistencia pacífica con la burguesía” se analizó como una debilidad, una aberración del pensamiento original de Marx.

Entonces, empezó a sonar un ideario conocido como “la nueva izquierda”, una de cuyas vertientes se entregó a la línea de Mao Tse Tung, a quien consideraban el verdadero intérprete de Marx. Ahí empieza a dividirse el comunismo colombiano: La línea fiel al pensamiento de Mao, y la otra línea más ortodoxa, la que juraba lealtad al marxismo ruso: el marxismo leninismo.

Dentro de la primera corriente figuran, sin duda, intelectuales e historiadores de “la nueva historia de Colombia”, personajes como Gerardo Molina, Diego Montaña, y seguidores suyos como Álvaro Uribe, Francisco Mosquera, José Obdulio Gaviria, Jorge Robledo. Todos organizados en partidos políticos y grupos terroristas que, con el tiempo, integrarían una de estas dos grandes corrientes marxistas.

Chávez y Uribe. Chávez y José Obdulio. Todo cobra sentido. Pero los disonantes se negarán a verlo

El uribismo, es decir, el Centro Democrático, es, indiscutiblemente, el partido que ha plasmado las ideas maoístas en su ideario y las ha llevado a la concepción del gobierno (el uribismo lleva más de 20 años en el poder), y junto a esta corriente están muy cercanos el MOIR, el M19, el EPL, FIRMES, el Polo Democrático, el partido Liberal y algunos miembros de las FARC que acompañaron a Gerardo Molina en su trasegar criminal.

En la orilla stalinista están las FARC y el ELN. Estos últimos bandidos toman elementos de la Teología de la Liberación, otra aberración católica que falsifica el cristianismo.

Con esto claro, en la próxima entrega hablaremos del maoísmo en Colombia y su vieja lucha contra la facción stalinista del marxismo.

Así se entenderá que quien sea antifarc no necesariamente es antimarxista.

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