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La red de apoyos globales contra la influencia del gigante comunista asiático estaría integrada por países como Brasil, Colombia, México, Canadá, Alemania, Francia, Japón, Italia, el resto de la Unión Europea y la OTAN. Estados Unidos ha emitido una declaración que podría significar el prólogo de una nuevas tensiones que recuerdan a las que llevaron a la Guerra Fría, esta vez entre las primeras dos economías del mundo, pues el pulso entre China y la nación norteamericana no han cesado en la búsqueda de la hegemonía global.

Mike Pompeo, secretario de Estado de EE.UU. señaló el lunes durante una entrevista en el programa «Life, Liberty & Levin» de la cadena Fox News, que “los Estados Unidos empiezan a construir una coalición global contra China”.

La situación que plantea este nuevo escenario es que Washington estaría en pleno proceso de conformar un nuevo telón de acero en la era postmoderna, que podría buscar dividir y neutralizar la globalización en dos partes: el hemisferio occidental y el hemisferio oriental encabezados por Estados Unidos y China respectivamente.

Pompeo dijo que “el Gobierno estadounidense trabaja para conseguir que varios países de África, el sudeste de Asia y Sudamérica se den cuenta de la amenaza que representa el Partido Comunista chino para su libertad y soberanía”.

Esta es una nueva estrategia de la Casa Blanca que plantea conseguir apoyo multinacional a un mecanismo internacional de bloqueo comercial, diplomático y geopolítico sobre China para impedir que se siga expandiendo e influyendo por medio de su penetración tecnológica, financiera, económica e incluso cultural en los países de la región, sobre todo los principales de Sudamérica y de Europa, que son aliados clave de Washington.

En ese sentido, el alto funcionario de la Administración Trump y jefe de la influyente diplomacia norteamericana expresó que “los Estados Unidos avanzan en esta coalición global para hacer que retrocedan”, en referencia al gigante asiático.

Lo que Washington propone es evitar que China siga desarrollando proyectos de infraestructura o haciendo préstamos de suma de capitales que, a largo plazo, el gigante comunista cobraría a través de alineaciones o alianzas que tendrían repercusión en los modelos y paradigmas económicos occidentales.

Los comentarios de Mike Pompeo van en consonancia con la intervención de Donald Trump en la Asamblea General de Naciones Unidas, donde acusó a China de ser responsable de los millones de contagios de COVID-19 en todo el mundo.

La red de apoyos globales que EE.UU. podría captar con sus socios vendría eventualmente de países como Brasil, Colombia, México, Canadá, Alemania, Francia, Japón, Italia, el resto de la Unión Europea y todos los miembros de su brazo de control militar global, que es la Organización del Tratado del Atlántico Norte, (OTAN).

Estados Unidos desarrolla desde el año pasado una nueva fase de confrontación histórica con China, que se basa en una guerra a nivel comercial y diplomático, reflejada la intervención e influencia norteamericana en las crisis políticas de Hong Kong y Taiwán, dos potencias asiáticas que China busca someter, alineadas en la órbita de la administración Trump.

Washington también ha ejercido sanciones comerciales y financieras contra empresas y funcionarios chinos aliados con el régimen de Xi Jinping para construir una nueva esfera de poder global a través del ambicioso proyecto comercial de la “Nueva Ruta de la Seda”, con la que China planea dominar los flujos de mercancías, capitales, bienes y activos en todo el planeta, y por ende, en la economía mundial.

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