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Esta operación de Covid ha permitido tomar conciencia de que el mundo en el que nos hacen vivir o sobrevivir es una matrix viciada en la que la democracia no es más que una ilusión, la clase política en su conjunto está principalmente preocupada por sus propios intereses, sus ventajas y sus privilegios, los medios de comunicación que se supone que nos informan son sobre todo herramientas de manipulación y condicionamiento, la medicina está compuesta principalmente por prescriptores de medicamentos en lugar de verdaderos médicos que atienden, la industria alimentaria prospera gracias a los colorantes, aditivos, conservantes y otros productos químicos que nos convierten en personas no saludables, la industria farmacéutica nos está matando lentamente, el sistema educativo nacional sólo produce mentes formateadas para convertirse en simples herramientas de producción de riquezas en beneficio de la élite, el ocio y el entretenimiento se utilizan principalmente para depravar nuestros cuerpos y mentes, y el círculo se cierra.

En el fondo cuando se examina la vida diaria de un ser humano en el mundo capitalista, se reduce a pocas cosas: comer, dormir, trabajar cuando se tiene la suerte de tener un empleo, y luego llenar el resto del tiempo lo mejor posible yendo a restaurantes, conciertos, discotecas, al cine o a un fin de semana en Deauville cuando se tiene un poco de dinero.

Los días pasan, todos parecen iguales, suelen ser tristes y monótonos y para compensar el vacío que sentimos en nuestro interior, recurrimos al alcohol para emborracharnos, la hierba para evadirnos o los tranquilizantes para evitar afrontar la realidad… En definitiva, así es como vivimos nuestra vida hoy en día… Es un recorrido rápido…

Y así es como muchos trabajan para pagar el crédito de la casa, del coche, de la nevera, de la lavadora, de la televisión, pensando que es en una apariencia de comodidad material donde encontramos la felicidad. El consumo se convierte en un ritual semanal, la compra en los supermercados y la euforia de extasiarse con todo lo que no podemos pagar pero que se convierte en fuente de deseo…

La vida pasa como un suspiro y te encuentras a los 60 años diciendo: “¿Pero qué he hecho con mi vida? ¿Todo eso para esto?”

Y sí, soñamos con otra vida, soñamos con viajar, soñamos con descubrir el mundo, soñamos con aprender y cultivarnos, soñamos con emprender y lograr, soñamos con una felicidad idílica y nunca la hemos encontrado. Vamos de una mujer o de un hombre a otro, esperando encontrar siempre algo mejor, para finalmente hallar algo peor…

Pasamos de largo la verdadera vida, de lo esencial sin darnos cuenta porque nuestros cerebros están empañados, contaminados por la superficialidad, desconectados de la realidad. Y todos juntos, terminamos haciendo una sociedad humana disparatada, violenta y pervertida, muy, muy alejada de los verdaderos valores de la vida. Nos convertimos en barcos sin rumbo en medio de las tormentas, incapaces de dirigirnos porque no tenemos brújula, ni siquiera la espiritual, la que nos permite saber con precisión cuándo estamos haciendo el bien y cuándo el mal.

El mundo en el cual nos han hecho vivir produce muchas más personas infelices que felices. Todo se ha extraviado. El amor se convierte en un objeto de consumo habitual del que la gente se cansa por una u otra razón, los valores que antes formaban parte de la familia están siendo sustituidos por las modas de la telerrealidad, cada uno en su casa, y dios en la de todos.

Los medios de comunicación tienen una gran responsabilidad en la degeneración de la humanidad. Son la mentira erigida en verdad, el vicio erigido en virtud, la corrupción de las mentes es banalizada, el adulterio alentado, la frivolidad fomentada, la perversión compartida y creemos ser gente civilizada…

Si me atreviera, diría que la televisión es el arma más sofisticada del Diablo y sus servidores, un ejército de demonios…

Esta descodificación de la actualidad mediática tendrá como objetivo desnudar esta perversión para hacerla aparecer en toda su fealdad. Porque en cuanto a un hombre o una mujer, no es la apariencia o la belleza física lo que define la calidad de un ser humano, sino la profundidad, la rectitud y la nobleza de su alma…

Al proyectar sobre nosotros su propia imagen, la televisión ha pervertido nuestras almas…

Es hora de tomar conciencia de ello y de sanar…

mediazone / Fuente 

Eric Montana