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Colombia alcanzó recientemente el millón de infecciones, situándose en el 8° país con más casos–sin contar a China–mientras considera fortalecer sus vínculos con el Partido Comunista Chino (PCCh), el régimen culpable del encubrimiento de la pandemia que desencadenó una crisis mundial, en especial en Latinoamérica, donde varios países de la región se encuentran entre las naciones más afectadas por el virus del PCCh.

La crisis sanitaria originada por la mala gestión del régimen chino no solo ha colocado a Colombia entre los países más afectados por el virus, sino también ha impactado en su economía: su PBI decreció en un 15.7% en el segundo trimestre de este año, y la pobreza extrema podría alcanzar el 14.3%.

Luego de que el nuevo coronavirus, surgido de China, se convirtiera en una pandemia mundial, Beijing dio inicio a la “diplomacia de las mascarillas” con el objetivo de desviar la culpa del mal manejo inicial del brote y seguir ganando mayor influencia en Latinoamérica. En este esfuerzo, Colombia recibió en mayo mascarillas, tests, respiradores, y otros equipos sanitarios con un valor de casi USD 1.5 millones por parte de China.

Si bien estos suministros son muy necesarios para combatir la pandemia, están acompañados de una “masiva campaña de propaganda para que los receptores muestren su gratitud a la RPC [República Popular China] como salvadora”, dijoKaterina Prochazkova, una analista del think tank Sinopsis, a The Epoch Times. Varios países también reportaron equipos defectuosos provenientes de China, como el caso de España.

Si bien China es el segundo socio comercial de Colombia, esta alianza se podría fortalecer pronto con la adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Durante su visita a China en julio de 2019, el presidente colombiano Iván Duque dijo a Xi Jinping que el país sudamericano estaba interesado en unirse a dicho plan.

De acuerdo con el el vicecanciller Francisco Echeverri, Duque le habría dicho al líder Xi que “a Colombia le parecía muy interesante la iniciativa de la Franja y la Ruta, complementándolo con una propuesta de tener un documento más completo entre ambos países llamado ‘Iniciativa China- Colombia’”.

“El plan es tener ambos documentos listos para firmar en algún momento del año”, dijo Echeverri. El embajador de Colombia en China también confirmó que Colombia se unirá pronto a la iniciativa.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta (OBOR) ha sido objeto de escrutinio, ya que la mayoría de los proyectos se financian a través de prestamistas controlados por el régimen chino con falta de transparencia, lo cual deja a los países prestatarios con enormes cargas de deuda. La iniciativa ha contribuido a la acumulación sustancial de deuda externa en muchos países en desarrollo, según un reciente informe del Instituto de Finanzas Internacionales.

Durante el mismo año, el régimen chino siguió realizando más inversiones importantes en Colombia como la licitación del metro de Bogotá adjudicada al consorcio de empresas chinas constituido por China Harbour Engineering Company Limited (Chec), el inicio de operaciones de DiDi–considerado el “Uber chino”–y el proyecto de extracción aurífera de Buriticá en Antioquia adquirido por la empresa minera Zijin Mining Group Co., que en 2020 se convirtió en Zijin-Continental Gold.

Sin embargo, la mina de Buriticá representa una amenaza latente para ecosistemas y poblaciones ubicadas aguas abajo. De acuerdo con un estudio de junio de Juan Camilo Martínez Rojas, la ruptura de los reservorios de la mina “provocaría la pérdida de incontables vidas, afectaría el ecosistema y generaría pérdidas económicas en la región, ya que la magnitud de estos eventos genera ondas de alta energía con caudales, pico altos y desarrollados en tiempos muy cortos”

A pesar de las diversas inversiones del régimen en varios sectores de Colombia, las inversiones más grandes fueron en la industria de las comunicaciones, con empresas como Huawei, Eagle Kingdom Techologies (EK), TP-Link Technologies y ZTE.

Huawei se estableció en Bogotá desde el año 2000, siendo una de las pioneras en el despliegue de redes de telecomunicaciones en el país, mientras que ZTE inició operaciones en Colombia en 2004. Sin embargo, en los últimos meses, la administración Trump ha tomado acciones cada vez más duras contra China y en 2020 la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) designó formalmente a ambas compañías como amenazas de seguridad nacional.

Tanto Huawei como ZTE han estado últimamente bajo el escrutinio de Estados Unidos por ser consideradas amenazas de seguridad nacional debido a sus vínculos en el régimen chino.

“Ambas compañías tienen vínculos estrechos con el Partido Comunista Chino y con el aparato militar de China, y ambas compañías están ampliamente sujetas a la ley china que les obliga a cooperar con los servicios de inteligencia del país”., dijo el presidente de la FCC, Ajit Pai, en un comunicado. Esto podría vulnerar y comprometer la infraestructura de comunicaciones primordial de los país anfitriones, como en el caso de Colombia.

Actualmente, Huawei ha lanzado su red 5G y es una de las compañías que propone un proyecto piloto para la nueva red en Colombia. La exministra de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC) de Colombia, Sylvia Constaín, dijo que “si se abre la subasta”, la licitación para la instalación de la red 5G en el país sería para entre fines de 2020 e inicios de 2021, y no descartó la participación de Huawei.

“Nosotros tenemos criterios que aplican de manera no discriminatoria”, dijo Constaín a inicios de marzo.

Un par de meses después, Estados Unidos expresó su preocupación ante la posibilidad de que Colombia permita a Huawei acceder a su red 5G. “Hemos dialogado con la [nueva ministra] Karen Abudinen, sobre la adopción de las nuevas tecnologías 5G en Colombia y las preocupaciones del gobierno estadounidense frente a la posibilidad de permitir que proveedores no confiables y de alto riesgo proporcionen equipos software y presten sus servicios en estas futuras redes”,advirtió el embajador estadounidense Philip Goldberg en octubre.

Quizás la influencia más fuerte del régimen comunista chino en Colombia se inoculó al ámbito académico con los Institutos Confucio (IC). Colombia fue sede del primer Instituto Confucio en Sudamérica en 2007, en una asociación entre la Universidad de los Andes, en Bogotá, y la Universidad de Nankai, en Tianjin. Actualmente, el país cuenta con 3 sedes del IC.

Los Institutos Confucio se promocionan en las universidades como centros académicos para el aprendizaje de la lengua y la cultura china. Sin embargo, en los últimos años el programa de los IC se ha enfrentado a una seria reacción en varios países occidentales por supuestos esfuerzos para socavar la libertad académica mientras promueven la agenda del régimen autoritario y su influencia mundial.

En Colombia, el director del IC de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y reconocido académico, Enrique Posada, fue una de las principales figuras en llevar el pensamiento de Mao Tse-tung al país. Asimismo, ha trabajado directamente con el Politburo del PCCh y ha traducido al español los escritos de Mao y de Deng Xiaoping.

Asimismo, en 2009, la Universidad EAFIT, una de las principales sedes de los IC en el país, junto con el exembajador de Colombia en China Pablo Echavarría Toro, publicaron el texto “Aproximación a China”, en donde destacan las ventajas comerciales y culturales con el gigante asiático, pero omiten por completo las violaciones a derechos humanos por parte del PCCh.

En medio de la pandemia, diversos países han tomado una postura firme contra el régimen chino por su manejo y encubrimiento del virus del PCCh, mientras que hay otros que buscan fortalecer sus vínculos con el régimen; lo cual podría reflejarse en que sean las naciones más afectadas por el COVID-19. Colombia aún no “firma su sentencia” con el PCCh, lo cual le da oportunidad a que reconsidere formar alianzas con un régimen totalitario.

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