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Medellín tiene lugares mágicos y otros no tanto. Nuestro pasado hace que haya ciertos sitios a los que nos acercamos con recelo, cuando no con curiosidad. La Mansión Montecasino es quizá uno de esos recintos en los que los medellinenses tenemos la certeza de que están recubiertos de historia. La dura historia desde donde renació la ciudad para hoy convertirse en la más innovadora.

La familia Castaño fue la dueña de esta espectacular mansión. Desde Montecasino se planearon y ejecutaron muchos de los crímenes más atroces de los peores años de Medellín. Y quizá por eso es que esta casona a quedado manchada con cierta aura negra de la que hoy nadie se quiere hacer cargo.

Por allí han pasado múltiples entidades. Desde Telemedellín, acogiéndola como su sede por muchos años, hasta una casa de banquetes que organizaba lujosas fiestas en su interior.

Hoy la casa no tiene arrendatario, y busca que alguien se haga responsable de su manutención. Aunque encontrar a quien esté dispuesto a este menester no es tarea fácil. Y es que a pesar de sus lujos y su infraestructura de ensueño, la gente no olvida de donde viene y lo que se ha significado este inmueble para la ciudad. Parece que al final queda marcado por su pasado.

Los vecinos de la frontera, han tenido que aguantar que múltiples visitantes vean este sector de la ciudad con morbo. Parece que la historia para algunos es mejor ocultarla. Igualmente piden que sea lo que sea que allí se radique, no llegué para espantar la tranquilidad del sector, y piden responsabilidad a las autoridades para que allí se establezca un sitio que trabaje por el bien de la comunidad.

Entre las propuestas más factibles, ya se estudia la posibilidad de que allí se aloje una estación de policía que ayude con la tranquilidad y la seguridad del barrio. Otra de las propuestas va encaminada a que Montecasino sea anexada al pulmón verde que ha venido creciendo en las cuadras aledañas, haciendo parte del parque que viene creciendo en el sector.

Sea lo que sea, Montecasino parece destinado a no zafarse del estigma que desde finales de los 90 carga en su interior.

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